Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del Corpus – C

Este sacramento admirable

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VER:

A todos nos ha ocurrido que algo que nos gusta mucho, que incluso nos entusiasma, cuando se convierte en algo habitual en nuestra vida, deja de resultarnos tan impactante, con el paso del tiempo ya no lo vivimos del mismo modo porque nos acostumbramos a ello. Esto ocurre también a veces en las relaciones humanas: cuando a alguien lo vemos todos los días, no reaccionamos del mismo modo que si lo viésemos esporádicamente, damos por supuesta su presencia e incluso, aunque algún día no lo veamos, no lo echamos realmente en falta.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, este sacramento admirable, su presencia real en la Eucaristía. La mayoría de nosotros hace tiempo que recibimos la Primera Comunión y que participamos regular o habitualmente en la celebración eucarística. Y por eso quizá hemos dejado de sentir esa emoción, como en nuestra Primera Comunión, esa admiración que significa recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo; quizá nos hemos acostumbrado a ello y ya no lo vivimos como antes…

Por eso, la fiesta de hoy nos debe ayudar a reavivar en nosotros lo que supone que Cristo se haya quedado realmente presente en el Pan y el Vino consagrados.

En la 2ª lectura hemos escuchado el relato de la institución de la Eucaristía, y san Pablo comenzaba diciendo: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido. La semana pasada ya apuntamos las diferencias entre “Tradición” y “tradiciones”, y san Pablo llama a la celebración eucarística “Tradición”, no como algo que siempre se ha hecho así, por costumbre, sino como aquello que nos ha sido entregado por el propio Señor, y que los cristianos nos hemos ido transmitiendo fielmente de generación en generación, hasta que ha llegado a nosotros. La Eucaristía no es una ceremonia, un rito… es mucho más, algo que el Señor nos ha entregado, más aún, es el mismo Señor quien se nos entrega: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros

Y esta Tradición tiene unos efectos: Su carne… es alimento que nos fortalece; su sangre… es bebida que nos purifica (Pf. I); y tiene un objetivo: para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan un mismo mundo (Pf. II).

Porque la Eucaristía, participar en esta Tradición, recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo, no es una devoción personal, individual. Como dijo el Papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, el Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial (15). Dice el Papa que la Eucaristía es un Misterio que se ha de creer, que se ha de celebrar y que se ha de vivir, y como Misterio que se ha de vivir, dice que también se ha de anunciar y se ha de ofrecer al mundo. La Eucaristía nos congrega en torno a Cristo y Él nos envía a los demás, sobre todo a los más necesitados, como ha dicho Jesús en el Evangelio: Dadles vosotros de comer. Por eso afirma el Papa:hay que explicitar la relación entre Misterio eucarístico y compromiso social (89). El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad(90).

ACTUAR:

¿Recuerdo mi Primera Comunión? ¿Siento que con el paso del tiempo he perdido esa emoción, esa admiración por poder recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Soy consciente de que he recibido una Tradición que se remonta al mismo Señor? ¿Cómo participo en la Eucaristía? ¿Tengo claro que es un Misterio que se ha de anunciar y ofrecer al mundo? ¿Cómo lo estoy haciendo y viviendo? ¿Vivo sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivirla? (La Campaña de Cáritas).

El Papa Benedicto XVI, al convocar el Año de la Fe, decía: Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía… esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble (Porta Fidei 9). Por eso, al recibir este sacramento admirable que es la Eucaristía, pidamos al Señor que se cumpla lo que hemos expresado en la oración colecta: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Un fruto que debemos vivir, anunciar y ofrecer al mundo.

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