Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Santísima Trinidad – C

Con el roce nace el cariño

 Descargar homilía

 VER:

Hay un conocido refrán que afirma: “Con el roce, nace el cariño”, o también “El roce hace el cariño”, que se utiliza para indicar que normalmente acabamos tomando simpatía a aquellas personas con las que habitualmente nos relacionamos. A veces, el trato continuado con alguien puede hacer que esa relación vaya haciéndose más profunda, y por tanto empezamos a encariñarnos con ella e, incluso, podemos llegar a amarla. Porque amamos a quienes conocemos, y para conocer de verdad a alguien, hace falta “roce”: pasar tiempo con esa persona, compartir experiencias, sentimientos, mesa… Hace falta compartir nuestro “misterio” personal”, eso que habitualmente mantenemos oculto al común de la gente. Por eso, cuando ese “roce” se hace con sinceridad por ambas partes, como mínimo surgirá el cariño y, probablemente, el amor.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la solemnidad de la Santísima Trinidad. Y la Santísima Trinidad es un Misterio; pero no un misterio tenebroso, temible, amenazante… La Santísima Trinidad es Misterio porque es algo que escapa a nuestra comprensión, algo a lo que podemos acercarnos pero que nunca podremos abarcar; pero esto no significa que sea impenetrable. Dios mismo se nos ha revelado, Él ha iniciado ese “roce” con nosotros, nos ha dado a conocer su “Misterio”.

Ese Misterio aparece reflejado en las oraciones y el prefacio de esta celebración, y así hablamos de Dios como Padre: Todopoderoso, Santo, eterno; como Hijo: Palabra de la verdad; como Espíritu: de santificación, Espíritu Santo… Hablamos de un solo Dios, no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza, iguales en su dignidad… Con estas palabras intentamos expresar ese admirable misterio. Pero esas palabras, siendo verdaderas, no expresan bien todo su Misterio.

Porque Dios es, ante todo, un Misterio de Amor; así es como Él se nos ha revelado, y para hacerlo, El Hijo se encarna: por Amor, porque Dios es Amor. El Hijo se hizo hombre en Jesús, para que podamos tener “roce” con Él, para que podamos conocerle, amarle y seguirle, porque el amor es el camino para adentrarnos en el Misterio de Dios, y que Jesús nos revela.

Jesús habla con normalidad del Padre, de Él mismo como el Hijo, y del Espíritu Santo, y en el Evangelio nos ha indicado que su intimidad, su “roce” es tal que los Tres forman una unidad: Todo lo que tiene el Padre es mío; y refiriéndose al Espíritu Santo: recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Y Jesús sabe que adentrarnos en el Misterio de Dios no es fácil, nos desborda: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Adentrarnos en el Misterio de Dios requiere un proceso de conocimiento, pero Él nos acompaña en ese proceso: el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. El Espíritu Santo nos garantiza que nuestro “roce” con Dios hará que crezcamos y maduremos en la fe, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

ACTUAR:

Como hemos dicho, la Santísima Trinidad es un Misterio, pero de Amor, y por Jesús sabemos que podemos tener “roce” con las tres Personas divinas. Por eso, una buena manera de profundizar en nuestra relación, en nuestro conocimiento, en nuestro amor, es acostumbrarnos (si no lo hacemos ya) a realizar una “oración diferenciada”, acostumbrarnos a dirigirnos al Padre en unas ocasiones, al Hijo en otras, al Espíritu Santo en otras. Es un modo sencillo de entrar en relación con los Tres, de tener “roce” con los Tres. Y al igual que ocurre en las relaciones humanas, si lo hacemos con sinceridad, si abrimos nuestra vida en todas sus dimensiones, nuestro corazón, todo nuestro ser a la Santísima Trinidad, con ese “roce” no sólo nacerá el cariño, sino que nacerá el amor.

La Santísima Trinidad seguirá siendo un Misterio, pero nosotros, por el amor, iremos adentrándonos cada vez más en Él, viviremos con naturalidad nuestra relación con las Tres Personas divinas, y nos sabremos y sentiremos verdaderamente amados, hijos del Padre y hermanos del Hijo, en el Espíritu Santo.

Los comentarios están cerrados.