Testigos de la fe en el mundo
VER:
Es frecuente entre laicos y curas que nos lamentemos y denunciemos la extensión de la increencia a nuestro alrededor y el clima de indiferencia que nos encontramos en nuestro apostolado, dando por supuesta nuestra condición de creyentes. Pero no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aun no reconociéndose como personas de fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo; y esta búsqueda es un “preámbulo” de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al Misterio. Por eso, en este Año de la Fe, a los miembros de la Acción Católica y de todo el Apostolado Seglar en general se nos invita a preguntarnos acerca de nuestro ser creyentes y testigos.
JUZGAR:
La celebración de Pentecostés nos invita a profesar nuestra fe en la presencia y en la acción del Espíritu Santo. El lema de este año es Testigos de la fe en el mundo, y hoy recordamos y celebramos que el Espíritu Santo es un gran formador de testigos. Es el gran Testigo, el que habla por dentro, es el que inspira internamente a los testigos cuando para éstos llega la prueba.
Benedicto XVI, en la carta apostólica con la que convocó el Año de la fe, expone la íntima relación entre Pentecostés y testimonio público de la fe: «Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso»(Porta fidei, 10).
Pero para «anunciar a todos sin temor la propia fe» es necesaria una experiencia previa y profunda de apertura al Espíritu. El miedo, el temor que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos y a cerrar las puertas, como vimos el Domingo II de Pascua. Y si el mundo nos percibe llenos de miedos, vacilantes, poco convencidos de lo que anunciamos, nuestro testimonio no será creíble.
Además, el testimonio de la fe con la vida y la confesión pública de lo que creemos, se exigen mutuamente. Por admirable que sea el testimonio de vida de los cristianos y de sus comunidades, si nunca explicitan por qué viven así, queda incompleto: la admiración de los demás comenzará y terminará en ellos, pero sin remitir a Cristo ni al reino de Dios.
La correlación entre fe y testimonio público de la misma es tan obvia que san Pablo la resume en cuatro sencillas palabras: «Creí, por eso hablé». Los cristianos europeos en general, y los españoles en particular, llevamos bastante tiempo viviendo una fe vergonzante y acomplejada, de riguroso incógnito, como si fuera una debilidad que debemos ocultar. Si el creyente deja de dar testimonio público de su fe, si ésta queda encerrada en la estrecha esfera de la privacidad, tal supuesto creyente ha de preguntarse seriamente por su situación en relación con la fe.
ACTUAR:
Los miembros de la Acción Católica, y todos cuantos pertenecen a alguna de las diversas modalidades del Apostolado Seglar, son invitados a leer, como especialmente dirigidas a ellos, las palabras del número conclusivo de Porta Fidei (15): «Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, esa que no tiene fin».
Decía el Papa Juan Pablo II en Christifideles laici (34): A los laicos les corresponde testificar cómo la fe cristiana constituye la única respuesta válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Esto será posible si los fieles laicos saben superar en ellos mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar cotidiana, en el trabajo y en la sociedad esa unidad de vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse.
Pidamos al Padre que envíe su Santo Espíritu sobre toda la Iglesia, sobre la Acción Católica y las demás asociaciones y movimientos de Apostolado Seglar para que, fieles a su vocación y misión, sean verdaderos Testigos de la fe en el mundo.