“No lo entiendes ahora”
VER:
El domingo pasado comenzamos la Semana Santa, la Semana por excelencia para todos los que no sólo queremos llamarnos, sino ser en verdad, cristianos. Porque quien no quiera ser cristiano, o siéndolo no se toma en serio la fe, al contemplar los diferentes días de esta Semana, podrá decir: “No lo entiendo”, ya que esta Semana sólo es posible entenderla desde la fe. Pero no es una fe ciega, irracional: es la fe en el Amor de Dios, en el Dios que es Amor y que se ha manifestado en Cristo Jesús para nuestra salvación.
JUZGAR:
Desde la fe vamos entendiendo que Dios en Cristo quiso compartir la vida humana, asumiendo en sí mismo las consecuencias del pecado de los hombres, para salvarnos. Pero aunque queramos contemplar y vivir la Semana Santa con fe y desde la fe, hoy, Jueves Santo, contemplando a Jesús encontramos nuevas razones para seguir diciendo humanamente: “No lo entiendo”.
No se entiende que sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, sabiendo que ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote que lo entregara, y que lo iba a entregar, aun así a todos sus discípulos los amó hasta el extremo.
No se entienden las palabras de Jesús que san Pablo nos ha transmitido en la 2ª lectura: tomó pan… lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros… Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre…» A muchos esto les sigue sonando igual de increíble que a los primeros que lo escucharon.
No se entiende que Jesús, «El Maestro» y «El Señor», en mitad de la cena se levanta de la cena, se quita el manto… y se pone a lavarles los pies a los discípulos. Seguro que de nosotros saldría la misma expresión de Pedro: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Porque humanamente no nos cabe en la cabeza.
Pero hoy, en esta tarde, Jesús, y Él, ante nuestra falta de entendimiento, nos dice lo mismo que a Pedro: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Y nos invita a reflexionar desde la fe: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Debemos interiorizar estas palabras, para entender cómo concretar en nuestra vida diaria su petición: Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros, también lo hagáis. Y esto no es algo optativo: si no lo hacemos, también nos podrá decir, como a Pedro: no tienes nada que ver conmigo.
Por eso nos ha hecho otra petición: haced esto en memoria mía. En la Eucaristía el mismo Jesús se nos da como alimento para que hagamos lo mismo que Él ha hecho. Y seguiremos sin entender, como dijeron los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?» (cfr. Jn 6, 52), pero aunque no entendamos el cómo, comprobaremos que “haciendo eso en memoria suya” aprendemos a “quitarnos mantos” y a “ceñirnos toallas” para “lavar los pies a otros”, para servir a otros como Cristo nos sirvió.
ACTUAR:
¿Qué me llama más la atención del gesto de Jesús lavando los pies a sus discípulos? ¿Cómo me interpelan sus palabras: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis? ¿A quién estoy “lavando los pies”? ¿A quién debería “lavárselos”? ¿Qué actitudes, prejuicios, etc. debería “quitarme” para vivir mejor el servicio? ¿Soy consciente de que cada vez que celebramos la Eucaristía es Cristo mismo quien se hace presente y se nos entrega? ¿Cómo vivo de la Eucaristía? ¿Vivo sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivirla? (La Campaña de Cáritas).
Hoy es una tarde y una noche de contemplación, de oración, de reflexión. Aunque “no lo entendamos ahora”, necesitamos ir comprendiendo cada vez más y mejor el misterio de su amor por nosotros, entregado hasta el extremo. Y es cierto que Jesús siempre nos superará, que continuaremos diciendo: “No lo entiendo”, que no lo comprenderemos del todo, ni a Él ni a sus actos; pero eso no es obstáculo para que podamos acoger, vivir y transmitir lo que Él nos enseñó.
Que la comunión de su Cuerpo y su Sangre, y la adoración ante el Monumento, nos hagan adentrarnos en este Misterio de Amor hecho entrega y servicio que hoy celebramos, y que en este tiempo de nueva evangelización, por nuestro servicio resultemos creíbles como san Pablo afirmando: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido.