Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Domingo de Ramos – C

“No lo entiendo”

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Ante la muerte de mi hermana Carme, les decía a mis más allegados, con dolor: “No entiendo al Señor. Sé que está ahí pero no entiendo la manera que tiene de hacer las cosas. No lo entiendo.” Hoy comenzamos la Semana Santa, la Semana por excelencia para todos los que no sólo queremos llamarnos, sino ser en verdad, cristianos. Porque quien no quiera ser cristiano, al contemplar los diferentes días de esta Semana, también podrá decir: “No lo entiendo”, ya que esta Semana sólo es posible entenderla desde la fe. Y así es como vamos a contemplar esta semana: desde la fe en Jesús, crucificado y resucitado.

JUZGAR:

Y en este primer día de la Semana Santa, Domingo de Ramos, si repasamos lo que hemos escuchado en la Palabra de Dios, encontramos varias razones para decir: “No lo entiendo”.

En primer lugar, no se entiende que la gente que alfombraba el camino con sus mantos, esa masa de los discípulos, entusiasmados, que se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, después vociferaron en masa diciendo: ¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás… ¡Crucifícalo, crucifícalo!

No se entiende que mientras Jesús dice: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa, los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero.

No se entiende que Pedro afirme rotundamente: Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte, y poco después lo niegue tres veces: No lo conozco… no lo soy… no sé de qué hablas.

No se entiende que mientras Jesús en medio de su angustia oraba… y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, sus discípulos se quedasen dormidos.

No se entiende que Pilato afirme en varias ocasiones: No encuentro ninguna culpa en este hombre, pero aun así decidió que se cumpliera su petición…. y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

No se entiende que Jesús, cargado con la cruz, aun tuviese ánimo para consolar a las mujeres: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos.

No se entiende que Jesús, al ser crucificado, dijese: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

No se entiende que, estando en pleno suplicio, al pedirle uno de los malhechores crucificados con Él: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino, Jesús le respondiese: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

No se entiende que, después de sufrir la Pasión y ya a punto de expirar, Jesús reafirmase su confianza en el Padre clamando con voz potente: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Todo esto y más, visto sólo con ojos humanos, nos haría afirmar: “No lo entiendo”. Pero nosotros debemos mirar todo lo anterior desde la fe, como hemos escuchado en la 2ª lectura: así entendemos que Dios en Cristo quiso compartir la vida humana, asumiendo en sí mismo las consecuencias del pecado de los hombres, para salvarnos. Y para eso no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo… se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Desde la fe entendemos que Jesús asumió la Pasión y la Cruz porque es el Siervo que profetizó Isaías y cumple libremente, por amor al Padre y a los hombres, lo que hemos escuchado: yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban… No oculté el rostro a insultos y salivazos. Y lo hizo porque Jesús, como demostró con sus últimas palabras, confió plenamente en que mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido… y sé que no quedaré avergonzado. Y por esa fidelidad Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».

ACTUAR:

¿En qué ocasiones he dicho: “No entiendo al Señor”? ¿He quedado confundido, o he confiado a pesar de no entender? ¿Qué es lo que menos entiendo del relato de la Pasión? ¿Qué es lo que más me llama la atención? ¿Entiendo por qué Cristo se rebajó hasta someterse a la muerte de cruz?

Durante los días de esta Semana Santa seguiremos profundizando en que sólo es posible entenderla desde la fe. Pero no es una fe ciega, irracional. Es la fe en el Amor de Dios, en el Dios que es Amor y que se ha manifestado en Cristo Jesús para nuestra salvación.

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