Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Adviento – C

Sentirnos «Isabel»

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En este tiempo de Adviento hemos estado reflexionando acerca de lo que, según una encuesta de un programa religioso de COPE, puede ser la mayor aportación de la Iglesia en este tiempo de crisis: testimoniar la esperanza cristiana, más allá de cualquier situación económica. Hemos contemplado a María en su Inmaculada Concepción y su “sí” a Dios, que también queremos dar nosotros; hemos visto que debemos seguir preparando el camino del Señor y testimoniar nuestra esperanza aun en situaciones de “desierto”, haciendo lo que debemos con y desde Dios, pensando en los otros con actitud de servicio. Y hoy hemos llegado a las puertas de la Navidad.

 JUZGAR

Pero también hemos visto que, debido a la crisis, son muchas las personas que no sienten deseos de celebrar nada. Y una de las razones es que desde hace años hemos estado viviendo unas “navidades sin Dios”, basadas en el gasto de dinero, hechas de adornos, luces y regalos, de consumo desaforado, pero en donde lo que da sentido a la Navidad, el nacimiento del Dios hecho hombre para nuestra salvación, no aparece por ningún sitio.

Por eso en este cuarto domingo de Adviento, a punto de celebrar el nacimiento de Dios hecho hombre, para llevar adelante esa tarea de testimoniar la esperanza cristiana más allá de cualquier situación económica debemos sentiros como Isabel en el Evangelio. En esta Eucaristía estamos siendo visitados por el Señor, y como ella, podemos exclamar: ¿Quién soy yo para que me visite…?

Y alegrarnos porque, por “insignificantes” que seamos en el conjunto de la humanidad, aunque socialmente no seamos “nadie”, aunque estemos en el rincón más anónimo del mundo, se va a cumplir lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel… De cada uno de nosotros, por pequeños que seamos entre los demás, en nuestro mundo, saldrá, si le dejamos, el Salvador.

Frente a esas “navidades sin Dios”, esto es lo que nos debe hacer saltar por dentro, como Juan saltó en el vientre de Isabel, y debemos vivirlo y transmitirlo. Y con humildad y sencillez pero con firmeza, como hicieron María e Isabel, ésta es la esperanza cristiana que debemos testimoniar a toda persona, más allá de cualquier situación económica: ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

ACTUAR

Llegados al final de este tiempo de Adviento, ¿me siento como Isabel, lleno del Espíritu Santo? ¿Soy consciente de que el Señor va a venir “a visitarme”, va a venir a mí, a mi vida, por pequeña e insignificante que me parezca? ¿Esa certeza me hace saltar por dentro de alegría?

Después de estas semanas de Adviento, hemos encontrado las razones y los medios para testimoniar la esperanza cristiana más allá de cualquier situación económica, y más allá de esas “navidades sin Dios”. Hoy cada uno de nosotros debemos sentirnos “Isabel”, también llenos del Espíritu Santo porque lo hemos recibido en nuestro Bautismo, porque el Señor viene a nosotros, a todos los que quieran recibirle. Que, como diremos después en el Prefacio, nos encuentre así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.

Y que con nuestras palabras y obras, incluso también con nuestro silencio pero con nuestra presencia, vivamos para nosotros y transmitamos a otros la esperanza que resumen las palabras que Isabel ha dirigido a María, y que debemos hacer nuestras y anunciarlas sobre todo a quien más necesite escucharlas: ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

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