¡Que se acabe este mundo!
VER:
La llegada del huracán Sandy a Nueva York, tras su devastador paso por Haití, República Dominicana y Cuba (países de los que poco se ha hablado en los medios de comunicación y en donde ha causado muchos más daños y víctimas), ha provocado que se vea en este fenómeno un refuerzo a la profecía maya del fin del mundo, que presuntamente se produciría el 21 de diciembre de 2012, tras una serie de desastres y catástrofes naturales. Ya desde antes de comenzar el año 2012 esta profecía ha sido aprovechada por películas, documentales, páginas web y agoreros varios para enviar mensajes terribles, y no faltan quienes dan credibilidad a esa profecía y viven con auténtica angustia la llegada de esa fecha, porque temen que se acabará el mundo en una gran hecatombe.
JUZGAR:
Es este domingo, finalizando ya el año litúrgico, parece que la Palabra de Dios también se ha dejado llevar por anuncios de profecías catastrofistas, tanto en la 1ª lectura (Serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora) como hasta el mismo Jesús en el Evangelio: En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Fácilmente podemos dejarnos llevar por la imaginación y empezar a imaginar y a temer el terrorífico y catastrófico fin del mundo, y a angustiarnos porque quizá los acontecimientos que estamos viviendo parecen reforzar esa idea y “nos va a pillar”.
Pero esas imágenes que utiliza el profeta Daniel, como las que utiliza Jesús, forman parte del género literario apocalíptico, que se sirve de un lenguaje enigmático y simbólico para transmitir una revelación (esto significa el término apocalipsis). Y lo que la Palabra de Dios en este domingo nos está revelando, a diferencia de otras profecías humanas, no es un mensaje catastrofista que infunde miedo, sino todo lo contrario. Inmediatamente después de esas palabras apocalípticas, en la 1ª lectura, el profeta continúa diciendo: Entonces se salvará tu pueblo; y en el Evangelio Jesús también ha continuado inmediatamente: Entonces verán venir al Hijo del hombre… con gran poder y majestad.
Podemos entender, en una primera interpretación, que en medio de los tiempos difíciles, en medio de los desastres y catástrofes naturales, Dios no permanece lejano o indiferente, al contrario, es cuando más cercano vamos a tener al Señor. Pero también podemos entender que lo que la Palabra de Dios nos está anunciando es que tiene que venir el fin de “este mundo”, de este mundo que pretende vivir como si Dios no existiera, de este mundo en el que las injusticias, la violencia, las guerras, las desigualdades, lo que la Doctrina Social de la Iglesia denomina “estructuras de pecado”, están provocando tanto dolor y sufrimiento en las personas. Y este mundo sí debe acabarse.
Pero debe acabarse para dar paso al mundo nuevo en el que Cristo será el Rey (como celebraremos el próximo domingo). Por eso nos avisaba Jesús: Aprended lo que os enseña la higuera… pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Necesitamos aprender a realizar una lectura creyente de la realidad para descubrir en los acontecimientos que vivimos la presencia de Dios y su llamada a sabernos y sentirnos corresponsables en que “este mundo” se acabe, haciendo cada vez más presente entre nosotros el Reinado de Dios, aunque para ello haya que remover “soles, lunas y estrellas”, todo aquello que ahora nos parece inamovible pero que estorba al Reino.
ACTUAR:
Cuando escucho noticias de desastres naturales, o de guerras, o a la vista de la situación social, ¿pienso en el fin del mundo? ¿Me dejo llevar por imágenes o comentarios catastrofistas? ¿Sé hacer una lectura creyente de la realidad, descubro la presencia y cercanía de Dios? ¿Estoy de acuerdo en que “este mundo” debe terminar, aunque haya que remover a fondo algunas estructuras que están provocando dolor y sufrimiento? ¿Cómo ayudo a que “este mundo” se acabe, qué compromiso estoy llevando a cabo para que el Reinado de Dios sea cada vez más visible?
A medida que se acerque la fecha indicada por la profecía maya no faltarán anuncios agoreros. Frente a ellos, recordemos las palabras de Jesús: El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre, y continuemos con la misión que nos ha encomendado: anunciar y construir el Reino de Dios, el mundo nuevo de verdad y de vida que debemos hacer que sea realidad.